martes, 17 de agosto de 2010

Tres pasos atrás o bang bang bang

1, 2… te miro fuerte y explotás pequeña sabandija. 3 bang bang bang directo a tu pecho con todo mi amor. Torrente de sangre, flecha en el piso, corazón dando brincos chapoteando en una especie de agua color arcoíris. Si el amor fuera arma, que me dispare tres veces en la cabeza, bang bang bang. Estás muerto angelito.

martes, 5 de enero de 2010

No marques antes de tiempo

Me aburrí y llamé al 911.
Me dijeron que aguardara en línea. No se daban cuenta que era una real emergencia para mi.
Esperé obedientemente, quería insultar a la próxima persona que me atendiera.
El teléfono se quedó sin tono, me puse nervioso.
Apreté el botón para cortar la comunicación, nada.
Golpeé el tubo del teléfono contra la mesa ratona y... nada.
Desenchufé el cable, lo volví a enchufar. Lo arranqué finalmente.
Levanté sobre mi cabeza todo el aparato telefónico y lo tire al suelo.
Lo pisé, lo patee y lo escupí.
Un cosquilleo empezó a recorrer mi brazo izquierdo. Se intensificó.
Un puntada, dos o tres en el pecho. Me sentí débil.
Me acerqué como pude a una silla, dando tumbos un poco mareado.
Me senté, el dolor se hizo insoportable y se extendió hacía mi espalda.
La vista se me nubló. Deseaba llamar al 911, pero el teléfono estaba roto y escupido en el suelo.
No pude gritar, ni siquiera salir de mi casa para pedir auxilio a un vecino.
Me quedé ahí y allí morí.
Desee no haber llamado nunca, mejor dicho desee no haberme aburrido jamás.
Nunca se sabe cuando uno puede necesitar un teléfono.


Dedicado al CALOR y todos los efectos que produce sobre mi organismo.

La enfermera y el chico con mambitos

Vibra, abre su celular, se ríe. Un cosquilleo le recorre la espalda, le arden un poco los ojos y vuelve a reír, no sabe por qué.
Contesta con el pulso acelerado y los dedos entorpecidos como consecuencia del abuso de sustancias.
Pasan algunos minutos, para él un par de segundos. El sentido del tiempo y del buen gusto son dos cosas que pierde cuando se encuentra en su black mambo.
Estaciona un taxi. Él no se percata, sigue pensando en algo que luego no recordará.
Ella baja, con el paso apresurado y una enorme sonrisa en la cara de satisfacción.
Él no la reconoce, tarda en darse cuenta quién es. Le da lo mismo, sea quien sea, alguien más está pensando por él.
No domina sus actos, la toca. Primero la cara, luego un seno. Ella se entrega dispuesta a conseguir lo que vino a buscar, se desabrocha los primeros botones del traje de enfermera.
El aliento a Fernet los envuelve en un vaho difícil de salir. En la calle, oscura, donde el único rastro de sociedad que queda, es el del humo del caño de escape de aquel taxi que la trajo a destino.
Se besan, sus lenguas mezclan los sabores, entre alcoholes baratos, cigarrillos y algo más.
Excitados, ella por su premio obtenido, él por el efecto de las drogas, se revuelcan en algún rincón de aquella esquina. Al día siguiente, ella le manda un SMS. Él no responde, siente asco, se da media vuelta y sigue durmiendo.


Dedicado a mi OBSCENA imaginación que no para nunca de carburar, ni siquiera cuando duermo.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Lengua de lija

Mi lengua de lija sobre su piel, buscando su mirada y lamiendo amor.
Su inocencia hecha gesto y su respiración que delataba los más impúdicos deseos.
Ambos tirados sobre un montón de telas y algodones.
La luz se apagaba a medida que nos animábamos a seguir adelante.
Su rostro frente al mío. Su respiración dentro de mi cuerpo, sus manos sujetando con firmeza mi sexo, su mirada encontrando la mía y mi lengua de lija sobre su piel, dejando marcas que gritan: ¡AMOR!



Dedicado a FELI que no sabe leer y nunca aprenderá, pero sabe que es para él.

LA ESPERA

Entré al bar a esperar como habíamos pactado. Ese lugar me recordaba a la casa de mi abuela, ese olor a pan casero, ese olor a infancia. El aroma del café invadía todos los rincones. Me senté en una mesa apartada de la multitud, cerca de la ventana que daba a la Av. Rivadavia.
Sobre la mesa, una carta me esperaba para ser leída, no la precisaba, el aroma del café ya se había encargado de mi decisión.
Las paredes cubiertas por fotografías en blanco y negro de personas que no conocía pero parecían ser de vital importancia para el lugar, me llamaron la atención. Una lámpara que colgaba desde el techo, que parecía acercarse más y más sobre mi cabeza, era mi única compañía en esa espera interminable. Posé mi mirada en la puerta de entrada, esperando verla llegar. La puerta de roble, se abría una tras otra vez. Así pasaron muchos rostros, muchos minutos, muchas veces el mozo haciendo equilibrio con su bandeja repleta de tazas de café, que se acercaba para ver si necesitaba algo. “No, nada. Gracias”. De hecho, si necesitaba algo. A ella.
Intenté calmar mi ansiedad, empecé a mirar los garabatos de los azulejos del piso. Parecían formar caras de personas o animales, me entretuve así un par de minutos. La lámpara que estaba sobre mi cabeza, empezó a moverse de un lado para otro.
Me mordí las uñas, me detuve. Las clave sobre la mesa. Miré el reloj que estaba en la otra punta, encima de la barra, donde el mozo seguía haciendo equilibrio con su bandeja. Miré la puerta de roble, miré los azulejos del piso, traté de patear la silla que tenía enfrente, pero parecía estar muy lejos de mí. Cerré los ojos y sentí su voz. La lamparita se crispó de repente. No hacía falta, ya había terminado la espera.



Dedicado a LA IMPACIENCIA, fiel consejera que me lleva por lugares insólitos.

LA MONA QUEDA... SIEMPRE

Abro mi correo y veo en la bandeja de entrada ese nombre.
Para qué me iba a mandar un mail a mi, si hace siglos no tenemos ningún tipo de contacto.
Un click y leo ese obsceno mensaje.
La furia se apodera de mi ser. No importan ni mis clases de yoga, ni el reiki, ni siquiera los meses de meditación. Nada puede calmarme, nada que no sea responderle.
Estiro los dedos y tipeo. Una frase, sólo una que simplifica una maraña de pensamientos e insultos.
Recibo su respuesta de inmediato, me sigue el juego. Tan obvio que me da gracia, incluso me rio como un minuto y medio. Le respondo, decido que va a ser el último mail que escribiré, no tengo tiempo para gente intrascedente.
Me responde, nuevamente, como era de esperar. Me rio cinco segundos más que la vez anterior. Qué fácil me resulta ponerlo de mal humor.
Y son en estos momentos en los cuales me pregunto, ¿es tan grave decirle a alguien que sigue siendo tan de cuarta como siempre?
La verdad no ofende, mi querido. Y la mona aunque aprenda un par de palabras en inglés y se vaya a bailar a boliches de moda, sigue siendo una triste y pobre mona... de cuarta, lo sabemos.




Dedicado a LA MONA, que pretende ser alguien que no es y que nunca llegará a ser. ¡HASTA LA VISTA, CHE!

sábado, 28 de noviembre de 2009

NOTA MENTAL I

HABÍA UNA VEZ, DIJERON AL UNÍSONO. PERO EL PUNTO FINAL LO PUSO ÉL.